"Llevaba la bolsa vacía pero siempre que entraba la mano en ella, era capaz de extraer la magia de las palabras para regalársela a todo aquel que las quería. Escribía por las noches, robándole horas al tiempo al sueño y a él mismo. Un día al entrar la mano descubrió con incredulidad que no podía sacar más palabras. Y lo peor era que necesitaba con urgencia las palabras, silencio, mañana, beso, mar y cielo. Esas por no citar otras de menor importancia para el escrito: Dos adjetivos, un adverbio, un verbo auxiliar, uno reflexivo. Que espanto."

miércoles, 16 de marzo de 2011

LA TIZA ROTA por Eugenio Blazquez Sanchez

Recuerdo su mano izquierda, escribiendo en la pizarra, trazos firmes, seguros, ¡como rayos!. Recuerdo su mirada penetrante o ausente, su mímica mientras recitaba entregado a su clase; todos le contemplábamos sobrecogidos en los pupitres.


 

Madre,....tengo miedo

cierra esa ventana..

que el viento no entre,.


 

Después, su cálida voz nos acariciaba, y nos volvía a la realidad, paseaba despacio y ninguno perdíamos un segundo de su clase, era como un péndulo que nos hipnotizaba.

Don Sebastián, profesor de Lengua en el Instituto de Villanueva de la Serena, era nuestro "capitán", recopilador de palabras viejas del "castúo," creador de historias imposibles, restaurador de frases y genio del relato.

Su mandamiento era claro, creatividad, ser creativos, pensad que es la esencia del ser humano.

Hoy que ya han pasado casi cincuenta años, ha vuelto usted a un sencillo pero cálido, taller literario. No importa el tiempo ni la distancia, alguien ahora tiene el testigo don Sebastián, y lleva en su mano, la última tiza rota.